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En la consulta de Cardiología. El área en los consultorios es tan estrecha que se puede escuchar lo que se receta al lado. Joffre Flores/EL COMERCIO

en el hospital abel gilbert pontón DE GUAYAQUIL



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‘Hay alto porcentaje de médicos que no es especializado’

El tensiómetro marca 130/90. La presión arterial de Domitila Vargas está un poco elevada. La última semana de octubre, la mujer de 79 años retomó sus chequeos por la hipertensión que le diagnosticaron hace dos años. Guarda silencio mientras el médico Hugo Tobar revisa su historia clínica en un estrecho consultorio de Cardiología del Hospital Abel Gilbert Pontón. El espacio es tan reducido que se puede oír lo que el especialista de al lado receta a otro paciente.
La presión de usuarios en esta área del popular hospital del Suburbio guayaquileño es elevada. A diario, los tres cardiólogos del lugar atienden a 75 pacientes y dos auxiliares de enfermería toman 80 electrocardiogramas.
Para normalizar el pulso acelerado del área, Tobar diagnostica que faltan más especialistas. “Los problemas de corazón son la primera causa de enfermedad y muerte en el mundo. En el país la incidencia es muy alta y en este hospital, por lo menos, deberíamos ser cinco o seis cardiólogos, si no es más”.
El médico español Jonás Gonseth coincide con Tobar. Tras los cuatro meses que está en la gerencia concluye que “hay un muy alto porcentaje de médicos que no está especializado”.
Analizando las posibles causas, Gonseth conoció que el 28 de octubre del 2011, por disposición del Gobierno, 150 empleados del hospital (entre ellos 80 médicos especialistas) salieron por la ‘renuncia obligatoria’.
Un año ha pasado de esta disposición gubernamental y las vacantes no se cubrieron del todo en las 28 especialidades médicas que ofrece el Guayaquil. Esto acarreó un síntoma que no se ha logrado aliviar: la aglomeración de pacientes.
Los intensos latidos del ajetreado Hospital Guayaquil se sienten en los pasillos, en los consultorios, en las salas de espera, en la farmacia… Cada día llegan a este centro médico 1 000 pacientes por Emergencia, 1 200 a la Consulta Externa, 250 a Hospitalización (con un promedio de estancia de cuatro días) y registra unos 60 procedimientos quirúrgicos, según sus directivos.
La directora médica, Isabel Honores, confirmó durante una inspección que realizó la Defensoría del Pueblo, a finales de septiembre, que la falta de médicos era una debilidad en el convaleciente Abel Gilbert. “Tenemos un personal de más o menos 150 profesionales y fueron cesados alrededor de 80”.
Como una cura a largo plazo, Gonseth quiere inyectar a la nómina 20 especialistas. Hasta diciembre espera reclutarlos de otros países, como su natal España. Por ahora hay dos ecuatorianos que regresaron de Chile y Cuba, y dos argentinos.
“Es el problema del país: la falta de especialidades y los posgrados que no se abrieron (…) Por ahora queremos racionalizar las necesidades que tenemos de médicos especialistas, porque no es tanto ver lo que había sino lo que queremos alcanzar”, explica el gerente.
Urología, Cardiología, Cuidados Intensivos, Emergencias y Oncología son las áreas más urgentes. Mientras que Ginecología y Anestesiología deben reforzarse, señala Gonseth.
Uno de los últimos días de octubre, Pedro Loor hizo trinchera afuera del consultorio 8, de Urología. Se negó a retirarse hasta que no lo atiendan. “Desde junio estoy pidiendo cita con el doctor que me operó de la próstata. Pero no hay, me dicen que todo está copado. Quiero que me examine porque otra vez se me inflamó un testículo, talvez tienen que operarme otra vez”.
Dos médicos cubren la demanda en esa especialidad y al día atienden a 30 pacientes cada uno. El urólogo Ernesto Díaz Jalón era parte de ese equipo, pero salió con los despidos. “Antes del campanazo que nos dio el Gobierno (la compra de renuncias) atendíamos hasta 40 pacientes por médico cada día. Éramos cuatro urólogos y aún así la demanda era tan grande que no podíamos dar solución”.
El cardiólogo Camilo Morán también fue parte del grupo que salió. Recuerda que casi sufre un infarto cuando le entregaron la acción de personal. Ese 28 de octubre estaba tomando un ecocardiograma a una mujer cuando ingresó la policía con la notificación. “Ni siquiera dejaron que la paciente se cubra el tórax ni que me quite el mandil para retirarme (…). La decisión del Gobierno de sacarnos, sin razón, fue apresurada. Ahora el usuario sufre las consecuencias de un hospital que agoniza”.
Para oxigenar al Guayaquil y normalizar su presión, Gonseth dice que el proceso de retorno de médicos avanza. “En esta semana está llegando una pareja española, pero es un proceso que toma su tiempo. Es un cambio de vida para ellos y un proceso complejo. Hay que tramitar las certificaciones, validar los títulos…”.] Elena Paucar . Redacción Guayaquil